Preso 1987 – III

Por el momento deseché la idea de la escalera, algo había tras ese cristal y necesitaba saber que era. También estaba el incómodo asunto de haber sido descubierto. No podía quedarme a esperar alguna reacción, tenía que tomar la iniciativa. Ya saben eso que dicen del que golpea primero.

Mientras caminaba lentamente hacía la puerta, unas palabras abrieron de par en par las ventanas de mi memoria. “Ellos, mátalos a ellos”. ¿De quién hablaba aquel hijo de puta? ¿Serían los protagonistas de sus palabras quienes se encontraban tras aquella misteriosa puerta? Sólo había una forma de averiguarlo.

Me faltaban unos pasos para alcanzar el ojo de buey por el que se podía ver el interior de la sala. Mis zancadas se fueron haciendo cada vez más cortas y precisas, con la intención de aproximarme todo lo posible. La inspección iba a dar comienzo de un momento a otro, todo estaba preparado.

Mis ojos analizaban cada milímetro de aquel habitáculo.  Una hilera de mesas perfectamente colocadas, a modo de comedor de instituto, se abría paso en el centro. En un lateral había colocada una estantería metálica en la que se podía distinguir varios bultos negros sobre ella.  Nada que llamase mi atención. Seguí investigando, sin poder caminar pos sus baldosas, el resto de la  peculiar estancia. Enfrentada a la anterior estantería se situaba otra exactamente igual pero esta vez variaba el contenido. Sobre los estantes había colocadas unas cajas con algo escrito a mano en su parte delantera. Todo parecía bastante ordenado, nada que ver con lo que había visto hasta ahora.

Haciendo un esfuerzo por intentar averiguar que se encontraba justo al final de la habitación, improvisé unos prismáticos con mis manos. ¿Unas camas? ¿Que pintaban allí unas camas? Parecía un campamento improvisado. En ese momento noté como algo se movía tras de mi. Esperaba que no fuese otro gusano como el anterior y tuviera que acabar con él. Me dí la vuelta con aires chulescos y justo antes de que pudiera darme cuenta un puño se había incrustado en mi rostro, dejándome fuera de combate.

Durante unos segundos no vi nada. Sólo oía comentarios y notaba como movían mi cuerpo de un lado para otro. Reconocí una de las frases que dijeron: “Gracias a Dios, no es uno de ellos”

De nuevo estaban “Ellos” allí para acompañarme. ¿Qué estaba pasando allí dentro? Y sobre todo ¿Quienes eran “Ellos”? Sabía que esas iban a ser mis preguntas una vez que recobrase el sentido. Me pesaban tanto los párpados, mi cuerpo se había convertido en una losa.

Desperté sobre un catre de mala muerte. A lo lejos pude ver la ventana desde la que miraba anteriormente. No había duda, había conseguido entrar. Desde aquí si podía leer lo que había escrito en las cajas: eran medicamentos. La otra estantería estaba repleta de armas y munición, supuse que eran los bultos negros que no lograba diferenciar.

– Bienvenido muchacho- dijo un barbudo con mala pinta que me observaba mientras se fumaba un cigarro echado en la pared. 

– ¿Dónde estoy? – estúpida pregunta la mía.

– Ya lo descubrirás, de momento debes aprender que no eres tú quien hace las preguntas – noté como el magma volcánico de mi interior comenzaba a calentarse.

– ¿Te han mordido? – pregunto de nuevo mi nuevo amigo.

– ¿Mordido? ¿Quién? 

– La pregunta es muy sencilla muchacho, ¿Te han mordido? ¿Si o no? – elevó el tono como síntoma de impaciencia.

– No, desde que se abrió mi celda no me he cruzado con nadie – mentía, pero ellos no tenían porque saber nada.

– Está bien, te vamos a dar una oportunidad. No hay tiempo para contarte toda la historia, así que seré breve. Ahí fuera hay algo que ni siquiera nosotros sabemos qué es. Nos hemos refugiado de manera provisional en esta pocilga humana. La única condición para permanecer aquí dentro es contribuir con tu trabajo. 

Todo esto me estaba sonando tan raro que creía estar aún soñando. ¿Refugiados? ¿De qué? Aquel enclenque barbudo podía él solo con mi peso ¿Dónde estaban los demás?

Dio una intensa calada a su cigarro hasta matarlo por completo. Lo tiró al suelo y se acercó a mi cara.

– Ahora es cuando viene lo interesante colega. En nuestra improvisada comuna nos dedicamos a la exploración y a la liquidación. Ambos son igual de interesantes pero según el que escojas, marcará de una manera u otra tu camino.

¿Qué eliges?

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Categorías: Preso1987, Relato de Aventura, Zombie | 1 comentario

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Un pensamiento en “Preso 1987 – III

  1. …la exploración…

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