Escuadrón 87

No me tembló el pulso al firmar mi ingreso en el grupo de voluntarios. Sabía que necesitaban efectivos y la verdad sea dicha; me atraía la idea de formar parte de una unidad de primera intervención. Nos equiparon con la tecnología más avanzada del momento, aunque en nuestras inexpertas manos no eran más que un amasijo de pólvora y metal. El camuflaje de los uniformes que repartieron era inútil. Esos hijos de puta eran capaces de reconocer un trozo de carne en buen estado a  distancia. Y ese filete, el que ellos ansiaban, eramos nosotros.

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Categorías: Escuadrón 87, Minirelato, Zombie | Deja un comentario

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