Aullidos

Cuando la noche ensordece cualquier tipo de barahúnda, soy capaz de distinguir el rumor de una pisada a kilómetros. Es sin duda la mejor destreza que he adquirido desde que el mundo dejó de ser lo que un día fue. Una vez que el sol se pone ellos parecen enloquecer, el bruno manto les hace invisibles a los ojos pero no consiguen despistar a mi sagaz oído. Siento cada movimiento sin necesidad de ocelo alguno que me guíe. Aunque lo más bello que me ha donado esta cualidad, es la orquesta de lobos que cada luna llena se da cita para entonar el canto a la libertad que supone su supervivencia. Ellos ahí fuera, rápidos e inalcanzables para los “otros”. Yo, encerrado y sin escapatoria, buscando evadirme en sus serenatas.

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Categorías: Minirelato, Zombie | Deja un comentario

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