Apéndice metálico

Cuando quise darme cuenta, era tarde. Mis gritos no llegaban a los ansiados oídos de aquellos quienes compartieron junto a mí las paredes de este malogrado edificio. ¿Quien se iba a hacer cargo de un jodido lisiado? Incluirme en la expedición era un suicidio, cosa que asumí desde que toda esta locura comenzó.  Este cuchitril se ha convertido en mi barricada, el incomodo catre sobre el que yace mi cuerpo hace las veces de sala de estar, cocina y baño. Así que pueden imaginarse la escena. Junto a mi reposa el rifle que dejaron olvidado al salir despavoridos en busca de su propia salvación, no sé cuantas balas tiene, ni siquiera si funciona correctamente -nunca he usado uno- pero algo tengo claro: el día que lleguen aquí arriba yo seré el primero en probarlo.

Anuncios
Categorías: Minirelato, Zombie | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: