Hedor

La primera ráfaga que llegó a mis fosas nasales me hizo vomitar. El hedor de la muerte se apoderaba de mi y desde el primer momento sabía que jamás iba a desaparecer de mi recuerdo. Igual que ellos son capaces de olernos a un kilómetro, los pocos que quedamos vivos hemos desarrollado el sentido del olfato hasta tal punto de ser capaces de detectarlos a un par de kilómetros de nuestro enclave. No es una habilidad agradable, pero cuando te va la vida en ello, tienes que asumir algunos sacrificios. En esos momentos recuerdo su perfume, el que me hacía delirar cuando mi piel rozaba la suya. El que me hacía perder la razón cuando mis dedos tocaban su cuello. En esos momentos en los que el único olor que destroza mis sentidos es el de la putrefacción, me acuerdo de ella y sus últimas palabras, su última fragancia.

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Categorías: Minirelato, Zombie | 4 comentarios

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4 pensamientos en “Hedor

  1. weiss

    Simpática entrada ésta, que cuenta con unas pequeñas notas dedicadas al amor 🙂

  2. weiss

    No, no, si me gusta. Es lo que tiene el género Z: tanta tripa, tanto seso, tanta sangre… se agradece una pequeña licencia romanticona 😛

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