Parada obligatoria (IV)

Intenté obviar la dantesca serenata que estaba teniendo lugar en el exterior y encontrar algo que me asegurase mi propia supervivencia. Pronto caí en la cuenta de que no era el primero en pasar por allí. Las estanterías de la tienda, que tiempo atrás habían estado repletas de aperitivos, sólo servían en la actualidad para albergar mugre y polvo. Aquel lugar tenía una atmósfera propia que no se correspondía con la del resto del planeta. Un aire denso y difícil de respirar inundaba cada rincón de aquella oscura habitación, sólo alumbrada por una claraboya situada en la parte central del techo. Nervioso y sin saber aún si mi presencia era la única entre esas cuatro paredes me puse a buscar una vía de salida. No podía creerlo, ante mí apareció algo que parecía ser una trampilla. Pero tenía la amarga sospecha de que, por segunda vez, alguien se me había adelantado…

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Categorías: Minirelato, Parada obligatoria, Zombie | Deja un comentario

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