Espesa niebla

Sus pasos se hicieron cada vez más intensos. Miraba a un lado y a otro buscando una explicación pero un fino telón blanquecino cubría todo lo que mis ojos podían presenciar. Eso hacía que la presión fuera aún mayor y mis nervios estuviesen a punto de estallar. Lo que quiera que fuese estaba cada vez más cerca y yo aún no veía mi ansiado refugio. Pulsaba insistentemente el mando que llevaba en la mano y de pronto una luz, al fondo, se encendió.  Era mi salvación y estaba a punto de conseguirlo. No había un sólo alma en la calle; tan solo nosotros. Cuando estuve junto a mi salvoconducto a la tranquilidad, me paré y eché una mirada a mi alrededor. No había nadie. Abrí la puerta y me senté, intenté tranquilizarme y arranqué el coche.

Fue entonces cuando descubrí que, en efecto, siempre habíamos sido dos: el miedo y yo.

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Categorías: Minirelato | Deja un comentario

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